El moodboard y cómo abandonarlo

Hay una idea -o creencia- que yo siempre he tenido en mi cabeza que dice así: cuanto más alejada la fotografía de la idea original, peor.

El moodboard consiste según esta idea, en una suerte de baremo de las capacidades que tengo para replicar algo que hay en mi cabeza, sacarlo de ella -y por lo tanto mi valor como artista- y lo bueno o malo que es mi trabajo.

Durante muchísimos años el moodboard ha sido una habitación donde sentirme menos capaz porque entendía mal qué es esta herramienta y por aquella cosa que nos han enseñado de que cuanto más predecible es una fotografía -una obra de arte en general-, cuanto más se parece a lo que otras personas esperan y tu estilo, mejor es.

Creo que aquí confundía dos cosas distintas: coherencia y repetición. Pensaba que tener una voz propia significaba ser capaz de repetir aquello que ya sabía que funcionaba. Como si una fotografía solo pudiera pertenecer a mi obra cuando era reconocible antes incluso de haberla hecho.

Qué es el moodboard

Podríamos definir el moodboard como una representación visual de lo que va a ocurrir en una sesión de fotos. No es un «esto es lo que vamos a hacer» sino más bien es un «esto queremos transmitir».

Esto ocurre en todas las artes. Digamos que es una compilación de referencias que ayudan a generar una visión común entre todo el equipo implicado para llevar a puerto la obra.

Pero cuando tratamos de vender una sesión, cuando queremos que nos contraten, el moodboard se convierte en una herramienta de venta, tratamos de definir cuanto más preciso mejor lo que el cliente va a obtener porque el mercado es incapaz de asimilar la incertidumbre.

Entonces tratamos de buscar referencias lo más parecidas posible a lo que tenemos en mente, buscamos fotografías que ya funcionan para volver a hacerlas pero con nuestra cámara, intentamos que todo cuanto se presente en el moodboard se haga realidad.

El moodboard pasa de ser una herramienta creativa a ser una promesa de venta.

Y quizá ahí aparece el problema. Cuando el moodboard deja de ser una dirección y se convierte en un resultado esperado, también se convierte en un examen. Ya no sirve solamente para preguntarnos hacia dónde queremos ir, sino para comprobar después si hemos sido capaces de llegar exactamente allí.

En mi caso lo que ocurría es que aunque no tuviera un cliente detrás y solo fuese una sesión de fotos por placer o una colaboración, cuando había un moodboard y las fotos acaban saliendo más oscuras de lo que estaba previsto, o con unos colores más saturados o con unas poses más estáticas,… me generaba una sensación de fracaso muy difícil de gestionar.

Esa sensación hizo que durante muchísimo tiempo huyera de generar tableros. Presentaba un par de fotos como algo de este rollo y usaba más la intuición que otra cosa.

Esto me ayudaba a no tener expectativa, trabajaba a ciegas y en cierta medida, sin demasiada profundidad, simplemente hacía fotos que a veces me gustaban y otras no, pero no me paraba a analizar demasiado el porqué.

La posibilidad de cambio

Hay una entrevista en Vogue de Hubert Crabières que habla sobre el moodboard en estos términos que me hicieron pensar bastante.

Crabières explica que tiene muchas dificultades con la cultura del moodboard porque, según él, es una forma de descontextualizar las imágenes y de estar constantemente invadidos por referencias.

En lugar de utilizar imágenes de otros como punto de partida, él prefiere dibujar sus propias ideas. Lo interesante es que sus dibujos no buscan definir exactamente cómo tiene que ser la fotografía. Son documentos de trabajo.

I have a lot of difficulty with the moodboard culture, which for me is very characteristic and problematic in the fashion world: it's a way of decontextualising images, of smoothing out our relationship with the image, and this very often leads to plagiarism, sometimes unconsciously, because we are invaded by references. I've never understood why we have this constant need to look to others for ideas instead of taking the time to think about what we're doing. Drawing is a way for me to introduce my work creatively enough for people to understand the energy I want to put into it, […]These are really working documents. […]

Then comes the moment of the shooting where I often completely rediscover my idea, it's often a moment where I feel the situation becomes out of my control and in the urgency of the moment I'll have to negotiate with what doesn't work, or not completely or not as I thought. It's a stressful time but it's also when the best things happen.

Tengo muchas dificultades con la cultura del moodboard, que para mí es algo muy característico y problemático del mundo de la moda: es una forma de descontextualizar las imágenes, de suavizar nuestra relación con ellas, y esto conduce muy a menudo al plagio, a veces de forma inconsciente, porque estamos constantemente invadidos por referencias. Nunca he entendido por qué tenemos esa necesidad constante de buscar ideas en los demás en lugar de tomarnos el tiempo para pensar en lo que estamos haciendo. Dibujar es una forma de introducir mi trabajo de una manera lo suficientemente creativa como para que los demás puedan entender la energía que quiero aportar, […] Son, realmente, documentos de trabajo. […]

Después llega el momento de la sesión, en el que a menudo redescubro por completo mi idea. Es un momento en el que siento que la situación se escapa de mi control y, en la urgencia del momento, tengo que negociar con aquello que no funciona, o que no funciona del todo, o que no funciona como había imaginado. Es un momento estresante, pero también es cuando ocurren las mejores cosas.

Creo que hay dos palabras interesantísimas aquí: rediscover y negotiate, porque lo que plantea es no abandonar la idea, sino más bien reencontrarla. No es una cuestión de solucionar lo que ha salido mal sino de negociar con esto.

La forma de trabajar que propone me parece interesante porque entiende que en la propia toma hay una realidad incontrolable que forma parte de la fotografía.

En el cine, Noël Burch hablaba de las «funciones del alea» en Praxis del cine, para pensar precisamente en aquellos elementos que dependen de lo que sucede ante la cámara y que, de alguna manera, escapan al control de quien realiza la obra.

No me interesa tanto utilizar la una definición académica del concepto sino más bien pensar qué significa para mi propia manera de fotografiar, esto es, hay una parte de la fotografía que no podemos diseñar completamente porque necesita que algo ocurra delante de la cámara. Una expresión, una sombra, una postura, una relación entre dos cuerpos, una luz que cambia,…

La fotografía necesita de esa realidad. Y sin embargo muchas veces intentamos eliminarla para intentar conseguir lo que habíamos imaginado en aquel moodboard. Y esto puede ser entre otras cosas a que aquello que se aleja de nuestra idea lo leemos como problemas porque los interpretamos como errores y nada más.

En definitiva, me ayuda a aceptar que la fotografía es una negociación constante entre lo que tenemos en la cabeza y esperamos y lo que al final resulta. No se tata de elegir entre control e improvisación, se trata de decidir cuánto control necesita una fotografía antes de dejar espacio para que ocurra algo que todavía no conocemos.

White

Con esa filosofía comencé a trabajar en una sesión que titulé White.

La idea era que todo fuese lo más frío posible para que el estilismo y la modelo resaltaran. No había más concepto detrás que e de explorar el contraste de color. Y nada más contrastado que los colores fríos y cálidos.

Para hacer el moodboard utilicé fotos que encontré en Pinterest.

A la modelo la tenía clara porque habíamos hablado de hacer algo juntos: Natalia. El maquillador no podía ser otro que Diego. Y quise añadirle unas joyas hechas por Run para sumar un punto de interés a los looks, que eran bastante planos por lo general.

La sesión de fotos fue una experiencia preciosa. En el estudio encajamos los tres perfectamente y pudimos experimentar. Salieron cosas que podrían haberse acercado bastante a lo que tenía en mente.

Pero, por alguna razón, cuando vi las fotos en mi ordenador quise probar a tirarlo todo al verde como experimento.

Es decir, que el fondo y las luces fuesen verdes y la modelo generase contraste con su pelo rojo y sus pecas.

Es un ejercicio que suelo hacer bastante, el explotar la imagen, extrañarla, convertirla en otra cosa para darme el gusto de jugar.

Cuando terminé la primera foto me di cuenta de que eso era lo que quería transmitir.

Y en ese momento había dejado el moodboard a un lado.

Lo interesante es que el descubrimiento no ocurrió durante la sesión. La sesión ya había terminado. Ocurrió después, delante de las fotografías.

Evidentemente, la herramienta me había ayudado a llegar a un punto. Sabíamos lo que teníamos que hacer durante la sesión, había una dirección general y unas decisiones que nos permitieron trabajar.

Pero poder abandonarlo acabó por dar lugar a una de las sesiones que más me han gustado hacer en mucho tiempo.De otra forma, probablemente habría generado dos contrastes clásicos: frío con azul y cálido con naranja.

En cambio, con un color de transición como el verde, la sensación de contraste es menos agresiva. La imagen se vuelve más extraña y, al mismo tiempo, más cercana al mood que buscaba.

Al final la fotografía que más me gustó de aquella sesión fue precisamente la fotografía que no estaba en el moodboard.

El moodboard no había sido inútil, todo lo contrario, me había ayudado a llegar ahí.

No sé si quiero dejar de hacer moodboards

Creo que aquí está realmente lo que quiero transmitir con todo esto.

Durante mucho tiempo pensé que el objetivo de una sesión era conseguir aquello que había imaginado antes de hacerla. Pensaba que cuanto menor fuera la distancia entre la idea y la fotografía, mejor había hecho mi trabajo.

Ahora no estoy tan seguro.

Quizá un buen moodboard no debería decirme qué fotografía tengo que hacer, debería decirme qué condiciones quiero crear para que pueda ocurrir una fotografía que todavía no conozco.

Algunas veces querré acercarme muchísimo a la idea original. Otras veces aparecerá algo delante de la cámara que será más interesante que aquello que había pensado y entonces quizá el trabajo no consista en corregirlo, sino en reconocerlo.

Durante mucho tiempo pensé que el moodboard era una habitación en la que tenía que demostrar que era capaz de llegar a una imagen. Ahora empiezo a verlo de otra manera: como una habitación desde la que salir.

La fotografía no tiene por qué ser la demostración de que hemos sido capaces de hacer realidad una idea, puede ser también el lugar donde descubrimos que la idea que teníamos al principio no era exactamente la que estábamos buscando, y ahí empieza la parte más interesante.

Puedes ver un vídeo relacionado con este tema.


Créditos de esta sesión

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Créditos de esta sesión ₊˚⊹

Modelo - Natalia Gomez Sabé - Instagram

MUAH - Diego Durán Prieto - Instagram

Joyas - ꒰ა Blessed Eye Studio ໒꒱ - Instagram

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