El aburrido debate de la IA y la fotografía
Resulta desalentador cuanto menos darse una vuelta por todos aquellos debates que plantean si IA sí o no. Esa disyuntiva a veces absurda por la que se niega la realidad en pos de una moralina impracticable. Las imágenes generadas por modelos de inteligencia artificial han llegado para quedarse y creo que el debate se enfoca desde una perspectiva algo enrevesada.
El debate de si la IA o la fotografía, ese versus que parece que se extiende constantemente a todos los artículos y que responde a esta sociedad de blancos y negros, olvida que ni la radio desapareció con la televisión, ni la pintura con la fotografía. El plantear desapariciones resulta una forma más de alertar y generar debates verdaderamente vacíos.
Por otro lado están aquellos que tratan de negar que se use la IA. Entiendo el dilema moral que supone que una tecnología pueda o se plantee como “sustituto” de un ser humano, pero creo que ahí el debate se esteriliza cuando no se ataca lo que verdaderamente debería preocuparnos y es este sistema que se sustenta constantemente en la rentabilidad.
Imagen generada con IA
La experiencia
Me interesa especialmente centrarme en compañeros fotógrafos que han concluido un punto a medio camino, es decir, ni niegan la IA ni la creen suficientemente poderosa para sustituir a un fotógrafo. Su argumentario se centra en un concepto que creo que se repite constantemente entre los creativos: la experiencia.
Según este argumentario se presenta al fotógrafo como un cántaro lleno de referencias y vivencias que hace pasar a través de sí el maravilloso arte de fotografiar. Una IA nunca va a poder ser tú y por eso la fotografía va a sobrevivir, se dice.
Se presenta al fotógrafo y al artista en general como un catalizador de la historia de la Humanidad que puede usar la IA para generar cosas nuevas pero que, por su propia condición de humanidad, por su propio punto de vista, nunca podrá ser sustituido por una máquina.
Bajo esta premisa se me presentan varias cuestiones:
1
La primera es que si la artisticidad de una obra se basa en las referencias, el arte se convierte aún más en una barrera por la que la clase social marca el desarrollo del creador. Si para ser un artista con mayúsculas tienes que ver, escuchar, oír, en general, cultivarte, si todo se reduce a eso, acaba por premiar a quienes tienen el tiempo y el dinero para hacerlo.
2
Deja de lado algo primordial para mí en una fotografía: el proceso, la técnica, lo que de artesano tiene el arte.
Primero la fotografía luego la imagen
Condenados por esta vorágine productiva por la que constantemente estamos sometidos a métodos de optimización constante, a que la cámara nos salga rentable, el tiempo nos resulte rentable, entrega más fotos, edita más rápido, haz todo con más celeridad; hemos olvidado que la fotografía es un arte procesal, que lleva implícito el tiempo en su haber y que su labor es artesanal.
Llegados a este punto está bien recordar y diferenciar entre imagen (objeto) y fotografía (técnica).
Que la fotografía dé como resultado una imagen no implica que la imagen sea la fotografía. Mientras que una imagen es un concepto más abierto a interpretación, más comunicacional, la fotografía no deja de requerir de ciertas condiciones para darse.
Por esta lógica, un cuadro hiperrealista nunca lo llamarías fotografía ni por ende, a una imagen generada por modelos generativos los llamarías fotografía.
De ahí que para quien escribe todo esto, la fotografía tenga de oficio, de artesanal, porque si bien podríamos caer en “la fotografía es la captura de la luz”, lo cierto es que la fotografía es el conjunto de punto de vista y edición, control de la luz y realidad.
Por eso es importante remarcar que la fotografía es algo que se construye, que se crea, que se hace, en definitiva que se procesa.
Si la fotografía fuese tan sencillo como capturar la luz, la realidad o sencillamente darle al obturador, si la imagen fuese la fotografía en definitiva, estaríamos colocando en el mismo escalafón los recuerdos que captura mi madre de mi sobrino y las fotografías de Avedon, por ejemplo.
Si todo fuese tan sencillo, si la fotografía fuese tan simple como mirar y capturar, verdaderamente un arte democrático dejaría de ser tal cosa para ser un producto.
IA y mercado
Quizá el debate que mencionaba al principio de este texto me interesaría muchísimo más si nos planteásemos la posición que hemos ocupado los artistas en el mercado laboral y hasta qué punto esta nueva herramienta supone la culminación de un proceso que llevamos años viviendo: la precarización.
Es incuestionable que la IA va a suponer un cambio en el mercado de la fotografía, de la imagen en general, porque supone un empobrecimiento de un mercado que ya daba coletazos de dicho fenómeno. Es decir, a empresas que preferían pagar menos que más por una buena fotografía, a las que todo les valía para vender sus productos, campañas de marketing que decidían pagar menos a su equipo visual; esas personas que favorecían el empobrecimiento de los profesionales del sector van a “aprovecharse” de la herramienta.
Pero al final lo que a mí me surge en este punto es cuestionarnos si el problema radica en la inteligencia artificial o en las personas y un sistema que busca la máxima rentabilidad por encima de absolutamente todo.
Entonces, ¿Qué?
Dicho todo lo anterior nos queda reflexionar sobre cosas más profundas que si la fotografía va a desaparecer. Creo que el debate de la IA abre una escisión profunda sobre la sociedad y el sistema económico que tenemos, pero se escapa de la aproximación que aquí pretendo hacer.
La experiencia no es una respuesta suficiente para hablar de fotografía, ni convertirnos a nosotros mismos en curadores artísticos. Creo que en un mundo lleno de referencias mediocres, mirar a los lados no soluciona nada.
La cuestión está, creo, en que hemos olvidado que la fotografía requiere de muchos más factores que disparar y vender, sino más bien y esencialmente, de un punto de vista. Pero no un punto de vista en tanto que subjetividad y singularidad sino en tanto que espacialidad, lugar en el mundo, un sitio tocado por otros y habitado por todos. La fotografía en tanto que colectividad, espacio y tiempo, no un presente infinito sino un pasado que mira al futuro.
La pregunta que aquí me queda es, ¿qué somos como fotógrafos cuando producir una imagen deja de ser solo una cuestión humana?